GORE SAN FERMÍN (8-7-2001)

Publicado: 16 mayo, 2013 en Uncategorized

Parece un relato de ciencia-ficción, pero sucedió. Sábado, 7 de Julio, 15,30 h. Después de almorzar en Pamplona y antes de volver a Donosti, estando con tres amigos más, vimos algo insólito que nunca podremos olvidar. Era una calle estrecha, curiosamente poco transitada; había un individuo sentado en el suelo haciendo ademán para que nos acercáramos, apenas hablaba castellano, su acento parecía del este europeo. Era un fakir dispuesto a hacernos una de tantas actuaciones; cuando logró atraer la atención de una decena de personas comenzó su “espectáculo”.

El fakir explicó a duras penas que su actuación no era la convencional (tabla de clavos, masticar cristales, etc. etc.). Mientras hablaba, observamos que nos miraba fijamente a los ojos, con una mirada profunda e inquietante, sin parpadear. Constantemente se impregnaba los ojos con un algodón humedecido en agua, poco después supimos la razón: ¡No tenía párpados! Él dijo que se los mutiló en una de sus “actuaciones”. La verdad, los que estábamos allí lo tomamos a broma, con una sonrisa cómplice, pero pronto pudimos comprobar que hablaba en serio. Estos fueron los hechos: el fakir comenzó a girar la cabeza hasta completar tres cuartos de vuelta (270 º), un hecho científicamente imposible de efectuar (salvo para la niña de “El exorcista”). A continuación, cuando logró captar la atónita atención de los presentes, pasó a explicar el segundo “numerito”: aseguraba que su cabeza -casi rapada- tenía una zona muy dura y otra muy blanda; con la zona dura empezó a darse contundentes cabezazos contra la pared, decía que no sentía ningún dolor, -aunque tuvo varias heridas profundas-. Con la zona blanda hizo algo aún más sorprendente; pidió a varias personas (entre ellas uno de mis amigos), que hundieran el dedo índice en una parte concreta de su cuero cabelludo. Los allí presentes nos quedamos mudos. Uno a uno, los dedos se hundían casi por completo, parecía imposible no dañar el cerebro. Después, en pocos segundos, los profundos surcos desaparecían, y la cabeza volvía a su ser. A continuación, nos “deleitó” cortándose en el brazo con una cuchilla de afeitar, como sangraba abundantemente, optó por utilizar una grapadora que llevaba a mano para casos de emergencia y se grapó todo el corte. Y para terminar, delante de nuestros ojos se mordió el dedo meñique hasta perder parte de la falange. La verdad, si se mutila el cuerpo en cada actuación, en vez de fakir pronto parecerá “el increíble hombre menguante”.

Este año el morbo está servido. Si sigue vivo -y entero-, pronto lo veremos en la Semana Grande donostiarra. ¡Qué bien! ¿Queríamos carne fresca? ¡Pues a empacharnos! Un dato: al comenzar su actuación había diez personas mirando, pero cuando terminó se contaban a cientos. Todos somos culpables por no evitar lo sucedido.

Rafa Zamora Sancho

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