LA RAPIÑA (3-6-08)

Publicado: 16 mayo, 2013 en Uncategorized

Aunque no soy ningún experto en la materia, acudí invitado por un amigo al X Campeonato de Pintxos celebrado en los bajos del Kursaal. Entré a las 5 de la tarde, hora del comienzo del evento. Había gente, pero el salón era tan amplio y espacioso que daba gusto estar allí. Me pareció interesante la presentación de los pintxos, -en los intermedios dejaban verlos de cerca-, y aprendí muchas cosas, entre ellas, en qué se basa un jurado para premiar al mejor tirador de cerveza. Pero la verdad, para qué nos vamos a engañar, lo que quería era probar esas suculentas obras de arte en forma de pintxo. Todo transcurría con normalidad; aunque los dilatados descansos los compensaba con una cerveza en la mano, al tiempo que ojeaba de cerca la belleza y creatividad de las delicias gastronómicas, -solo superada por el rostro de algunas chicas que asistieron al acto-. Todo iba bien, todo en su sitio, hasta que algo cambió en el ambiente. Era como esa calma que hay previa a la tempestad. Y la tempestad llegó. Justo después de acabar el campeonato, cuando iban por fin a repartir al público asistente las bandejas de pintxos, vino a última hora una nube negra, al acercarse pude observar que dicha nube era una bandada de aves a la caza de las camareras que portaban los pintxos. Esta bandada, estaba integrada en la mayoría por señoras entradas en años; incluso de las que cedes el asiento en el autobús por su avanzada edad. Nunca creí que se movieran tan rápido a la hora de coger un pintxo. Luego se lo comían casi de un bocado cual palomas que les echan migas de pan, sin degustar, sin apreciar el sabor… ¡Ala… too pa dentro! ¡Qué triste! Ya sé que hay crisis, ya sé que hay gente que pasa hambre, pero no creía que se llegaba a esos extremos en nuestra ciudad, Donostia, capital del civismo y buen gusto.

Yo me quedé sin apenas probar nada, tampoco lo intenté, soy alto y tengo brazos largos para alcanzar las bandejas de pintxos, pero visto el panorama, no merecía la pena, todavía me queda algo de educación. Lo más curioso, es que algunas de estas señoras son las que me miraban mal por llevar el pelo largo e ir vestido de verano y con chancletas.

Rafa Zamora Sancho

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