TELÉFONOS MÓVILES PARA MENTES INMÓVILES (5-4-2000)

Publicado: 16 mayo, 2013 en Uncategorized

Bla, bla, bla… bla, bla, bla… bla, bla, bla… ¡Qué moda más divertida! Excepto cuando te llega la factura. ¿Pero qué es esto de tanta campaña publicitaria de telefonía móvil? ¿A que viene ese afán por comunicarse? En verdad lo tenemos merecido, nos tratan como lo que somos: una gran masa social maleable y consumista que se engulle sin rechistar la publicidad que aparece por radio y televisión.

Con ello no quiero decir que yo sea uno de tantos acérrimos enemigos del capitalismo y el progreso, -eso es otra moda juvenil que se cura con la edad y la estabilidad económica-; pero una cosa no tengo clara, ¿es necesario comprarse un móvil para decir chorradas? Nos aseguran que en una hora te da tiempo a discutir con tu novia, a reconciliarte con ella; a decirle a un amigo lo imbécil que es, a llamarle de nuevo para que te perdone, a borrar de la memoria del móvil el número del amigo imbécil que no te ha perdonado; a decirle a tu novia que te has enfadado con el imbécil de tu amigo y mientras estás llamando y llamando, el imbécil ha optado por quitarte a tu novia. Bueno… al final no parece haber sido tan imbécil. Hablando en serio, en la era de la comunicación cada vez estamos más incomunicados, porque antes, las personas se llamaban solamente para citarse y hablar largo y tendido, en cambio ahora las charlas se hacen a distancia y con un taxímetro a nosecuantas pesetas por minuto.

Y esto de las tarifas me tiene muy escamado. ¿Por qué últimamente bajan tanto los precios? Qué ocurre, ¿antes no había competencia y cobraban lo que les apetecía? Menudo margen de beneficios obtenían y siguen obteniendo, porque al fin y al cabo… ¿cuál es el coste real de una llamada para las compañías de telefonía? Si apenas hay gasto. Deberíamos aprender de Japón, allí las tarifas están a su justo precio y no estafan al consumidor. Otra curiosidad es el tamaño del teléfono móvil. Como si de un miembro viril se tratase -pero en la proporción inversa- el status social lo consigue aquel que posea el móvil más diminuto. Habría que decir a estos señoritos que lo que nos están vendiendo son los stocks de otros países; y actualmente en Tokio el teléfono lo llevan incorporado en el reloj de pulsera.

Pero también he de romper una lanza en favor de la telefonía móvil y su gran labor que ejerce en el terreno laboral. Muchos trabajadores autónomos -desde fontaneras hasta prostitutos, o viceversa- han hecho del móvil una herramienta indispensable. Curiosamente a los que más lo necesitan, es a los que menos gracia hace llevarlo, porque les convierte en esclavos las 24 horas del día. Como dijo aquel: “la verdadera utilidad del teléfono móvil consiste en poder llamar, y si quieren llamarme, que hablen con mi secretaria”. ¡Toma ya! Ahí se nota el status social.

Rafa Zamora Sancho

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